DESDE LOS ABUELOS

(matrimonio, jubilados, ocho nietos, pertenecen a grupo de matrimonios)

En este pasaje Jesús nos enseña que no podemos erigirnos en jueces de la conducta moral de nuestros hermanos. “El que esté libre de pecado que arroje la primera piedra”. La algarabía de los escribas y fariseos se convierte en silencio culpable y en huida vergonzosa de todos los presentes.
Jesús emplea la misericordia. Hacer justicia es saber aplicar la ley con humanidad. Todos merecemos, como mínimo, otra oportunidad. Él es más generoso aún, está SIEMPRE dispuesto al perdón. Su deseo es que todo el rebaño encuentre cobijo en su morada, por eso le dice: “Yo tampoco te condeno. Anda, vete, y en adelante no peques más”.
Nosotros, muchas veces, juzgando y criticando hundimos al indefenso, lastrándolo de tal manera que hacemos muy difícil su rehabilitación después del arrepentimiento, dando un giro de 180 grados a la actitud fraterna, de la que Jesús hizo gala en toda su vida pública, la misma que a nosotros, que nos decimos cristianos, debe servirnos de ejemplo a imitar.
Cuántas rencillas, críticas y maledicencias entre nosotros, ¡qué poca fraternidad y caridad!. Que sintamos, Señor, Tu presencia en cada momento y notemos que estás en el prójimo al que criticamos.
Ayúdanos a todos nosotros, hijos y nietos a ser comprensivos, que sepamos ver detrás de las apariencias a los demás como los ves Tú y así poder apreciar la bondad de cada hermano. Cierra nuestros oídos a toda murmuración y nuestra lengua a toda maledicencia. No somos quienes para juzgar a nadie. ¿Qué haríamos nosotros en el lugar de esa persona?, quizás seríamos iguales o aún peores. Seamos bien intencionados y justos los mayores para que sirvamos de ejemplo a los que nos suceden.


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