DESDE LOS ÁBUELOS

(Matrimonio, jubilados, ocho nietos, pertenecen a grupo de matrimonios)

San Juan nos habla de las palabras de Jesús a Nicodémo, acerca del encuentro-juicio con el Padre y con el Hijo al final de los días de cada uno, juicio que estará fundamentado en el amor. El amor de Dios a los hombres, por el cual entregó a su hijo a la muerte, para que todos fuésemos salvados y del reflejo, que de ese amor haya el hombre.
¡Qué privilegiados somos!, cuántos medios nos pone Él a nuestro alcance. Tenemos un guía: el Espíritu. Tenemos un punto de referencia: Jesús, el Hijo del Hombre, levantado en alto, crucificado. Nadie muere al pecado y progresa en la vida nueva si no se abraza a la Cruz.
Dios nos ama tanto que quiere salvarnos, no por nuestros méritos, para que no nos vanagloriemos de ellos, sino por su infinita misericordia, sólo quiere que aceptemos la Luz. Nos manda a su Hijo, verdadero Dios y verdadero hombre. Ilumina con su Luz a los que quieren ver; fortalece, con la donación de su propia vida, a los que creen en Él.
Señor, cuántas veces pensamos ¡qué desastre de mundo!. Vivimos rodeados del mal. Pero tenemos el consuelo que viniste a salvarnos y que a cualquier edad Tú pides a cada uno la aportación de nuestros talentos, nunca pides más. Nosotros, como abuelos, con nuestra presencia tranquila y amorosa, creemos que ayudamos diariamente al crecimiento, a todos los niveles, de nuestros nietos.


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