DESDE LOS ÁBUELOS

(Matrimonio, jubilados, ocho nietos, pertenecen a grupo de matrimonios)

El ambiente está preparado. Un escenario solemne: el templo. Unos personajes justos y ancianos, envejecidos en la espera del cumplimiento de la promesa de Dios: Simeón y Ana, prototipos del pueblo de Israel, fiel a su Señor.
El niño sostenido por los brazos de Simeón es la luz, que San Lucas desea para el mundo pagano.
Para San Lucas, al entrar el niño en el templo, aparece de nuevo la gloria de Yahvé habitando su casa. Jesús es la presencia nueva y definitiva de Dios en medio de su pueblo. Está presente como Salvador. El niño acaba de recibir por nombre Jesús, es decir, “Dios salva”.
No estemos de brazos cruzados. La salvación no se impone, tampoco se hereda. Se acoge libre y personalmente o se rechaza.
Te pedimos Señor, que sepamos aceptar tu voluntad. Del mismo modo te pedimos por nuestros hijos y nietos para que estemos siempre unidos, a Ti y entre nosotros, en las alegrías y en los sufrimientos.
Que el Dios que nos salva esté siempre en medio de nosotros y nos inflame de su Amor e infunda en todo el género humano sentimientos de mesura en los gastos de estas fechas y de solidaridad para con los más necesitados, los cuales sufren de forma más acuciante la crisis que a todos nos agobia.


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