(Matrimonio, jubilados, ocho nietos, pertenecen a grupo de matrimonios)
Las lecturas de este domingo, incluido el salmo responsorial, son cantos de alabanza e invitación a la alegría, ya que presagia la venida de Jesús el Salvador, el Señor. Pues a pesar de que este anuncio lo sabe la humanidad desde hace veinte siglos largos, la alegría, que debe brotar de un corazón confiado en las promesas de quien vino a salvarnos, se ha convertido en un afán de consumismo y un egoísmo desmesurado, como si todo terminara aquí. San Pablo es claro en su carta a los tesalonicenses, estad alegres, quedaos con lo bueno y desechad lo malo. ¿Qué hacemos los cristianos?.
Es triste, a estas alturas, que Juan siga gritando en el desierto para que allanemos los caminos del Señor y la inmensa mayoría de los cristianos hagamos oídos sordos a esta llamada, con la incoherencia de que nuestros hechos desmientan, constantemente, a nuestra boca. Como abuelos tratamos de influir en nuestro entorno familiar para que seamos conscientes de que en los días que se avecinan no se celebran ni las rebajas ni el consumismo, sino la venida de un Dios que nos salva y nos llama a que seamos colaboradores en su plan de salvación y, como dice Pablo:”El que os ha llamado es fiel y cumplirá sus promesas.