(matrimonio, jubilados, siete nietos, pertenecen a grupo de matrimonios)
¡Qué difícil de entender y más difícil, aún, practicar las enseñanzas del Evangelio de hoy!.
San Mateo se refiere en lo concerniente a “Pobres de Espíritu”, más a una actitud espiritual de la persona que a un comportamiento social. Nos dice que pobre es el que no se basta a sí mismo y confía, espera y se abre a la misericordia de Dios.
Nos habla, también, de los que vencen su ira y su violencia. Los que no creen en la fuerza como argumento para imponerse a los demás. Los llama el evangelio: Dichosos los sufridos.
Parece que hay paralelismo entre la 1ª bienaventuranza y la 3ª: Dichosos los que lloran.
Hambriento y sediento de justicia está el que desea que se implante en el mundo el orden querido por Dios y hace de ese orden su forma de vida, luchando por que progrese a su alrededor.
Son misericordiosos los que son capaces de sentir como suyas las miserias y dificultades del hermano. No nos encojamos de hombros ante el dolor ajeno.
El limpio de corazón hace coincidir su obrar con la intención que le mueve a ello.
La verdadera paz sólo viene de Dios. Esta bienaventuranza y la de los misericordiosos nos sitúan frente al prójimo necesitado de ayuda.
El justo irrita con su proceder al que no lo es. Por eso será atacado y perseguido. El Señor lo proclama dichoso. Él mismo dio testimonio de su enseñanza con el ejemplo de su vida y de su muerte.
Señor, para hacer el bien no hay barreras para los que quieran implantar tu Reino. Que nuestros nietos, en un futuro próximo, sepan y lo pongan por obra, que todos los días y todas las horas son buenos para servir a los demás, para hacer lo que te agrada a Ti que es entregarse sin reservas a los hermanos.