(matrimonio, jubilados, siete nietos, pertenecen a grupo de matrimonios)
Desde la prisión Juan requiere a sus discípulos para que se enteren de lo que él ya intuye, que Cristo es el Mesías. La contestación de Jesús es rotunda pero, a nuestro juicio, algo incongruente, pues si los ciegos ven, lo mudos hablan, los sordos oyen, etc. etc., los pobres deberían enriquecerse; ¡pues no!, lo que Él quiere para los pobres no es la riqueza material, sino la espiritual de la evangelización para acceder a la mayor riqueza a la que estamos destinados: El Reino de los cielos.
Si a nosotros, después de veinte siglos de la proclamación de sus enseñanzas, en un mundo entregado al materialismo más desaforado, nos descoloca a veces esa oferta a los pobres, debemos suponer lo que sería para un pueblo sojuzgado por el imperio romano, que, según la interpretación que ellos hacían de las profecías sobre la venida del Mesías, este había de ser un líder que los liberaría de la opresión. Sin embargo lo que Juan había anunciado y Jesús confirma, es que el Reino se basa en el amor, en el perdón, la generosidad y, como consecuencia de esto la paz. ¡Debió de ser tremendo!
Señor, nosotros la mayoría de las veces, tratamos de ayudar a los más pobres sólo en lo material, sin tener en cuenta que, en otros aspectos de la vida, si cabe, más pobres, como en su nivel de evangelización, aunque cuando lo intentamos, en general, no les interesa, no les atrae. ¿Cómo nos ven a los cristianos? Nuestras prácticas externas de rituales, sin conversión, no les interesan. Nos relacionamos con los más ricos, agradables o inteligentes, ignorando a los necesitados y marginados. ¿Eso hizo Jesús?
Desde lo más profundo de nuestro corazón, te pedimos Señor, ayudes a nuestros hijos y nietos, para que sean fieles y generosos y cuando se sientan desconcertados por los vaivenes de la Iglesia de Jesús, que estén disponibles y abiertos al futuro. Que vean y acepten nueva LUZ sobre Él y su Reino.