(hombre, casado, con tres hijos, trabaja, miembro y directivo de movimientos sociales, y de grupo cristiano)
Tristemente no es muy frecuente tampoco en nuestros días encontrar personas agradecidas. Vivimos en una sociedad donde se nos inocula y se rinde culto al mito del “hombre hecho a sí mismo”, que se caracteriza por el esfuerzo continuo en busca del éxito social y económico, y por su consiguiente engreimiento cuando lo cree alcanzado. Todo lo cree debido a sus propios méritos. Para esas personas no existe el don, y si existiera sería “injusto”, porque distorsionaría el resultado de una necesaria competitividad entre las personas. El soberbio se instala después sobre sus derechos conquistados y como consecuencia de ello no conoce la gratitud.
Frecuentemente sucede que Dios no tiene lugar en semejante planteamiento de vida, si acaso un “dios fontanero”, a quien recurrimos cuando hay averías graves que no sabemos solucionar por nosotros mismos. Si además Dios “hace lo que debe” y nos ayuda, obtendremos la curación “que merecemos”, que a veces incluso confundimos con la salvación que de verdad necesitamos.
Aunque otros (bastantes desgraciadamente) ni siquiera sienten la necesidad de experimentar tal salvación. ¿Para qué, si comen y beben y tienen y consumen casi todo lo que se les antoja? A menudo, para éstas personas bien instaladas, los marginados y necesitados de nuestro mundo -como los leprosos de la lectura- son de una u otra forma responsables de su situación, y tienen -ni más ni menos- lo que corresponde a sus méritos.
En cambio, cuando nos abrimos a nosotros mismos, a los demás y a Dios, vivimos la experiencia de que necesitamos Su salvación, y que ello sólo llega por la fe, cuando acogemos la presencia y el don gratuito de Dios en nuestras vidas, y desde ahí, vivimos desde y para el Reino, que es Su proyecto para Su pueblo. Yo le doy gracias a Dios por su eterna fidelidad que le hace tomar siempre amorosamente la iniciativa, y le pido que me ayude para que, agradecido por todos sus dones recibidos, sea capaz de que den fruto para su Reino.