(hombre, casado, con tres hijos, trabaja, miembro y directivo de movimientos sociales, y de grupo cristiano)
En nuestro mundo la vida social y económica también necesita de personas que “allanen el camino al Señor”, como siempre ha sucedido, o incluso especialmente en esta época nuestra que cree tener las recetas válidas y definitivas, aunque de vez en cuando las crisis como la que ahora padecemos pongan en cuestión los pilares sobre los que se asientan nuestras sociedades.
Pero sucede que nuestro mundo está saturado de ideologías, de doctrinas y de discursos: vivimos en un auténtico supermercado donde abundan todo tipo de ofertas, casi al gusto de cualquiera. Y las personas no se sienten interpeladas por los discursos. Lo que si interpela y conmueve, en cambio, son los testigos, las personas que dan testimonio con su vida de otra forma de vivir, asentada sobre otros valores. Y es trememendamente necesario que estos testigos propaguen y difundan valores básicos de humanidad, porque en una ausencia casi total de humanidad el camino al Señor y a la fe se vuelve casi imposible.
Por ello los cristianos estamos convocados a elevar nuestras voces y nuestras vidas en el desierto actual de competitividad, agresividad, consumismo, egoísmo e insolidaridad, agravado ahora aún más con las amenazas que nos trae la crisis, y que nos impulsan a enroscarnos aún más sobre nosotros mismos. Estamos llamados a dar testimonio de que vivimos apoyados en otros valores y otras seguridades, y que detrás de todo ello está Jesús, vivo en nuestros corazones.
Yo le doy gracias al Señor por mantenernos en alegre espera en este tiempo de Adviento, y le pido que nos ilumine para saber transparentar a nuestro alrededor que nosotros confiamos y esperamos en Alguien que nos ama, nos salva y nunca nos abandona.