DESDE LO SOCIAL

(hombre, casado, con tres hijos, trabaja, miembro y directivo de movimientos sociales, y de grupo cristiano)

¿Tenemos nosotros, como cristianos de hoy, vida en abundancia? Por encima de las preocupaciones, de las decepciones, del dolor y de la enfermedad, ¿rebosamos vida en abundancia?
En la medida que no sea así, debemos preguntarnos por qué puerta hemos entrado, y a quién seguimos nosotros, no vaya a ser que vivamos demasiado instalados sobre nosotros mismos, o que andemos equivocados siguiendo a no se quién. Porque no parece que sea al Buen Pastor al que seguimos, ya que Él ha venido para que tengamos vida abundante.
Y en el caso de que sintamos que sí la tenemos, ¿nos la guardamos para nosotros, o todo lo más para nuestros seres más queridos? Porque la vida que nos regala el Señor es de ese tipo que necesariamente rebosa, se difunde y se regala más allá de nosotros mismos. Una vida que pide y necesita ser compartida, en comunidad y aún más allá, especialmente con los más necesitados, allí donde más se requiere recuperar la dignidad de personas, donde más falta hace quitar estorbos y empujar hacia la plenitud que todos anhelamos.
Vivimos en una sociedad opulenta y tecnificada en la que una gran mayoría de personas se ha acostumbrado a escuchar e incluso a seguir a una amplia variedad de ladrones y bandidos, enemigos del Reino que anuncia nuestro Señor, por más que halaguen nuestros oídos y nos ayuden a justificarnos. Y como consecuencia nos invade esa terrible deshumanización que impregna las relaciones sociales, laborales y económicas, en las que no podemos permitirnos el lujo de sentir como prójimo a tanto marginado, a tanta persona necesitada como anda por ahí. Porque si lo hiciéramos tendríamos que bajarnos de esta alocada carrera en la que estamos embarcados, y cambiar tantas cosas en nuestras vidas…
Cuántas veces rehusamos compartir la vida que se nos regala con quienes más la necesitan. Y cómo defendemos esa actitud nuestra ante el Señor, mirando para otro lado, o ingeniando excusas, en lugar de pedirle su sanación, para poder hacer lo que Él espera de nosotros.
Yo bendigo al Señor por su regalo de vida en abundancia, y le pido que nos sostenga y nos cuide, y nos de valor y sabiduría para, sin imponer nada, no ofrecer al mundo nada menor que esa puerta que es para nosotros Cristo Resucitado.


Publicado

en

por

Etiquetas: