(hombre, casado, espera tercer hijo, trabaja, miembro activo de dos movimientos sociales, pertenece a comunidad cristiana)
De nuevo ante la pasión de Jesús. Cambian los chivatos, son otros los verdugos, pero el crucificado sigue siendo el mismo: Jesús que derrama su sangre en cada pequeño pisoteado, ninguneado. La cruz sigue presente en nuestro mundo cada vez que por cualquier acción humana se rebaja la dignidad o se impiden los derechos humanos más básicos. Y la cruz también sigue presente en este mundo cuando, al seguir denunciando el mal y las injusticias, se sufre el desprecio de una sociedad que ignora a los desvalidos.
Y aún así Jesús fue fiel a su misión de no “bajarse de la cruz” como le pedían entonces. Entonces, como hoy, son muchas las voces que nos dicen: “no te compliques la vida” “disfruta todo lo que puedas y olvídate de los demás”, “¿por qué gastar la vida por otros en lugar de vivirla para uno mismo?”
Y es que Jesús se empeño incluso ya en la cruz en seguir luchando contra el odio, perdonando y amando hasta el fin. Eso deseo -hecho vida y carne- de que triunfe el amor por encima de todo odio es lo que me anima a seguir denunciando situaciones que engendran odio, división y a intentar vivir en clave comprometida, solidaria, apoyando toda iniciativaque haga posible un mundo más justo, aceptando la cruz que pueda venir.
Y Jesús nos enseña que vivir así es mas grande que la muerte. Sólo falta que lo vivamos y nos lo creamos.