DESDE LO SOCIAL

(hombre, casado, con tres hijos, trabaja, miembro y directivo de movimientos sociales, y de grupo cristiano)

Jesús comienza su misión llamándonos a la conversión, es decir, a volvernos a Dios, a orientar hacia Él nuestra mirada, nuestros pensamientos y nuestra vida. Hemos de estar atentos a no caer en la trampa de convertir este asunto de la conversión en algo principalmente individualista, intimista y espiritualista, algo que sería muy perjudicial para esa continua llegada del Reino de Dios que es la Buena Noticia que Jesús nos anuncia.
Por el contrario, la conversión y la fe a la que estamos llamados como cristianos es a una adhesión a la persona de Jesús, que por tanto, si es verdadera, ha de reflejarse en nuestra vida. El ejemplo de Jesús debería teñir nuestro modo de relacionarnos con los demás, y por ello, ser fermento de una nueva sociedad más acorde con los valores evangélicos.
Ni la conversión ni la fe son asuntos fundamentalmente de creencias, sino de actitudes vitales. De adhesión a Jesús, de respuesta a su llamada, de confianza en Dios y de servicio a los demás, a los valores del Reino. Creo que, sin ningún tipo de imposiciones, nuestra sociedad está enormemente necesitada de cristianos que vivan así su fe en medio de la sociedad. Como lo está de todo tipo de personas que compartan esos valores desde cualesquiera otras motivaciones.
Yo le doy gracias al Señor por llamarnos sin cesar a seguirle con más autenticidad, y le pido que nos de su Espíritu para colaborar mejor en la extensión de su Reino, y para ser buenos pescadores manifestando al mundo que de Él viene nuestra alegría.


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