(hombre, casado, espera tercer hijo, trabaja, miembro activo de dos movimientos sociales, pertenece a comunidad cristiana)
Hay un rasgo que atraviesa el evangelio de hoy: la “desinstalación”, el estar dispuesto “a salir de tu tierra” para evitar la comodidad de la instalación que nos imposibilita escuchar a Dios y hacer su voluntad. Y es que, si escuchamos a Dios, este nos va a pedir que nos “movamos” y que estemos dispuestos a cambiar de vida para seguirle como hicieron José y María. Creo que en nuestra sociedad es imprescindible recuperar la gracia de la “desinstalación” que nos posibilita empezar de nuevo, que nos da la oportunidad de poner toda nuestra esperanza en Dios, y no en tantas falsas seguirdades y dioses. Pidámosle a Dios que nos de la fe, y la fuerza para aceptar esos compromisos que nos mueven de sitio (incluso físico) para construir ese otro mundo que Dios desea para sus hijos. Desinstalación para escuchar a Dios, escucha de Dios que nos desinstala y nos abre nuevos caminos.