DESDE LO SOCIAL

(hombre, casado, con tres hijos, trabaja, miembro y directivo de movimientos sociales, y de grupo cristiano)

Me llama especialmente la atención de la lectura de este domingo el hecho cierto de que, hoy igual que ayer, los mansos no se salvan como los poderosos y violentos esperan. Tienen sus propios caminos, que no coinciden con la sabiduría del mundo. Toda una enseñanza para nuestra vida.
Los cristianos confesamos a Cristo como Rey cuando creemos con toda seguridad que, finalmente, el bien triunfará sobre el mal. A pesar de lo difícil que pueda parecer en determinados momentos, el final de esta batalla ya está decidido y caerá de nuestro lado: triunfará el amor de Cristo, en nosotros y en el mundo. Y eso significa que, aunque no veamos los frutos de nuestro seguimiento de Jesús, ni una pizca del amor que hayamos entregado caerá en saco roto. Cada acto de amor comprometido y fraterno es, nada menos, un ladrillo del Reino de Dios, que crece y se edifica ya, aquí y ahora, en medio de nosotros.
Nuestra sociedad, como la de Jesús, está enormemente necesitada de una revolución guiada por los valores evangélicos. Es necesario recuperar la dignidad de toda persona humana, especialmente de las más débiles y marginadas, fecundando las relaciones sociales y las estructuras políticas y económicas con la levadura del Evangelio. Y cada uno de nosotros está llamado a ello, no como un deber impuesto desde el exterior, sino como una pasión que nos brota desde dentro.
Aceptando nuestras responsabilidades como obreros del Reino sabemos que nos espera un duro trabajo. No será fácil, pues no lo fue para Él y los discípulos no seremos más que el maestro, pero tampoco nos pesará demasiado, porque -si Cristo vive en nosotros- lo haremos con toda naturalidad, agradecidos ante el amor de nuestro Padre bueno y misericordioso.
Yo le doy gracias al Señor por ser nuestro camino y nuestra vida, y por tantos testigos que con su vida nos han mostrado la realidad de su Reinado. Y le pido que nos ayude a saber aplicar nuestros dones para que den fruto para su Reino.


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