(mujer, casada, con dos hijos, trabaja, pertenece sindicato y a grupo cristiano)
Ayer hablaba con dos compañeros sobre un problema muy concreto de la organización del trabajo del que se han quejado repetidamente pero que no se termina de solucionar. Yo les comentaba que son muchos los que me han comentado el mismo problema y que ya se han cansado de quejarse. Después de ahondar un rato en el asunto, en medio de ese ambiente asfixiante de desastre y hastío, empezó a surgir un sentimiento de rebeldía que fue creciendo hasta conformar una idea, una propuesta, una esperanza de poder descubrir las causas del problema que nos permitieran proponer una solución. ¿Fue el Espíritu Santo con su brisa suave, casi imperceptible? ¡Haznos Señor hombres y mujeres atentos al susurro del tu Espíritu!