Desde las Vacaciones

(por hombre, casado, pertenece a movimiento cristiano; en vacaciones)

Qué difícil les resultaba y les resulta a los judíos creer que Jesús de Nazaret es hombre y Dios al mismo tiempo. Dicen: ¿No es este Jesús, el hijo de José?, no les cabe en la cabeza que alguien que convive con ellos sea el enviado, esperan que baje a la tierra el Padre. A veces, nos pasa también eso a nosotros, nadie es profeta en su tierra pero Jesús no se cansa de repetirlo: el que cree en mí y come mi carne, tiene la vida eterna. Me dice constantemente Jesús: Yo soy el pan de la vida. Él es y tiene que ser el centro de mi vida, eje y motor, me tengo que abandonar en sus palabras, que me quiere, que me cuida, que me quiere porque sí, sin más, así es Jesús, quiere nuestra salvación, que volvamos del Desierto al Paraíso.
En estos días, aunque no lo crea, Jesús se hace más presente en mi vida. Me pone en contacto con su obra, en el camping, en la playa y lo veo en esas puestas de sol, en ese momento en el que el horizonte del mar se confunde con el cielo y estoy sentado en mi sillita contemplando su obra. Este es el regalo que me hace el Señor.

 


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