Desde las vacaciones

(por hombre, casado, con tres hijos, trabajan ambos, en vacaciones)

De nuevo, un año más, se acercan las deseadas vacaciones, el trabajo en este final de julio siempre se acelera, el despacho no para, y la mente no deja de bullir. Tiempo complicado para pararse, pero es tan necesario que debe ser uno de nuestros objetivos. Aprovecho este momento para leer la lectura del evangelio del Domingo, y acercaros en breves líneas, lo que desde esta perspectiva supone para mi. “Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura…” Me quedo con ese mensaje, lo repito en mi interior, como un pensamiento que se repite para acallar esta mente que nos distrae de la esencia. Esta confianza en la providencia, es fundamental para caminar por este mundo. Nada de lo que nos “preocupa” es realmente importante ( detente en esto), sé que es difícil, pero hay momentos en que se consigue, se acepta sin más y se vive. La confianza en Dios, te coloca en una visión distinta, todo tiene más sentido, todo se coloca en su sitio, se lleva hasta con cierta alegría. Aprovechemos estos días de descanso para acallar nuestra mente, y adentrémonos en nuestra esencia, allí descubriremos el verdadero alimento de nuestra vida. Poco a poco, iremos consiguiendo cosas de dentro hacia fuera, dando y entregando lo recibido que es mucho. Incluso en el trabajo se nota cuando lo que haces está pleno de sentido, cuando te entregas, cuando estás atento y te olvidas de ti. Vaya manera de comenzar ¿no? El camino es largo y la recompensa eterna, un abrazo.


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