(matrimonio, 12 años asados, cuatro hijos, pertenecen a comunidad cristiana y movimiento seglar, él trabaja)
Uno de nuestros hijos en especial nos está dando bastantes quebraderos de cabeza. No le interesan mucho los estudios y su comportamiento, sin llegar a ser preocupante, no siempre es adecuado. A veces discutimos entre nosotros sobre qué podemos hacer con él. No siempre coincidimos y eso genera tensión. Y buscamos soluciones por todos lados: consultamos con especialistas o personas que nos puedan aconsejar, inventamos mil dinámicas para reforzar sus conductas positivas y evitar las negativas. Siempre en tensión, que genera explosiones emocionales cada vez más frecuentes. Dan ganas de dejarlo todo, ciertamente. Seguir al Señor o a quien sea, para huir de esta realidad que no es la que esperaba. Soñar con volver a ser el que era cuando soñaba con llegar a ser el que soy (esta frase tan bonita y tan triste a la vez, desgraciadamente experimentada, no es nuestra, sino de Jorge Bucay).
Pero no es huir lo que nos pide el Señor. Ni seguir a cualquiera, claro. El Señor nos hace una propuesta, basada en el Amor como solución a todos los problemas. El Amor todo lo puede. En medio de las refriegas de cada día (deberes, baños, cenas, actividades, el trabajo, los estudios, la casa, etc, etc, etc), siempre resuena, aunque no siempre lo escuchamos, el susurro del Señor: “no pares de luchar, pero déjalo todo, si no viene del Amor. Esa es mi propuesta: sigue ahí, peleando contra los problemas y las adversidades, pero amando. No te afanes en buscar soluciones que no vengan del Amor. Ama y haz lo que quieras”. Así pues, rechazar al Señor y su propuesta de seguirle es rechazar al Amor, que es lo que nos hace verdaderamente humanos. Y por eso nosotros, con nuestras debilidades y caídas, seguimos al Señor y luchamos cada día. Porque en nuestra vida hemos experimentado que, al final, el Amor todo lo vence.