DESDE LAS RELACIONES FAMILIARES

(matrimonio  con tres hijos, cuarto en camino, pertenecientes a un grupo de matrimonios parroquial)

¡Cuántas lecciones para la vida actual podemos sacar de la mera lectura del Evangelio!. ¡Cuánta generosidad practicaba esa anciana en tiempos de Nuestro señor Jesucristo!, y sin embargo ahora, que lo importante es “tener” más que “ser”, pues no damos, aunque evidentemente si “no somos” difícilmente vamos a tener la generosidad de “dar”. En la familia nos damos cuenta que vivir sentida y conscientemente las virtudes que se remarcan en el Evangelio, señalan a nuestros hijos el camino a seguir. Y no porque lo digan sencillamente las Escrituras, sino porque desde pequeños lo “han mamado”, lo han experimentado viendo y aprendiendo de sus padres. Qué bueno y sabio era nuestro refranero que decía “donde comes tres comen cuatro”, y así es, si ofrezco lo que no tengo será más feliz, el que recibe la ayuda, será más feliz y el Señor, estará feliz viendo como su hijo enseña ahora la lección que le fue inculcada por Él mismo, a través de su hijo Jesucristo. Vivamos la generosidad plena, es decir, la que se vive cuando se comparte lo poco que tenemos o quizás nada, cuando invitamos a comer a nuestra mesa aun a sabiendas que la comida es escasa, cuando damos un abrigo al pobre que se encuentra pasando frío en la calle aun sabiendo que ese era nuestro mejor abrigo. Que el Señor os guarde y os bendiga.

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