DESDE LAS PERSONAS SIN HOGAR

(hombre, casado, trabaja, pertenece a comunidad cristiana, voluntario de patrulla de calle en ONG católica)

Este pasaje del evangelio es toda una catequesis para los que vivimos de cerca la realidad de las personas sin hogar. Tiene tanta enjundia, que solo voy a detenerme en dos aspectos que entiendo fundamentales. Lo primero que querría destacar es que narra un episodio que diariamente se sigue repitiendo en nuestras calles. Sin embargo, la actitud de Jesús, que ante la llamada del necesitado se detiene y coloca la súplica de éste por delante de sus quehaceres, contrasta con la que muestra una gran parte de la sociedad, que ajena al dolor del otro, es capaz de encontrar un sinfín de justificaciones para no pararse y pasar por delante de un sin techo con total indiferencia. Lo segundo que resaltaría es la forma que utiliza Jesús para dirigirse al que le reclama. ¿Acaso no sabía Jesús lo que le iba a pedir el ciego Bartimeo? Seguro que sí, pero en cambio adopta una posición de igual, no rebajándose, sino elevando al humillado, dignificándolo y dándole la oportunidad de que se exprese como lo haría cualquier otra persona; por eso le pregunta que qué es lo que quiere que haga por él. Este detalle, aparentemente sin importancia, es de una relevancia capital si se conoce la situación en la que viven las personas sin hogar, que no solo se ven privadas de un hogar, con todo lo que ello implica, sino que poco a poco han ido perdiendo la autoestima y la dignidad, lo que ha llevado a que muchas se consideren personas de “inferior categoría”, por depender su supervivencia de la caridad o la asistencia social.


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