DESDE LAS PERSONAS SIN HOGAR

(hombre, casado, trabaja, pertenece a comunidad cristiana, voluntario de patrulla de calle en ONG católica)

En más de una ocasión nos hemos visto con un “sin hogar” al que debimos encontrarle un techo para pasar la noche, pues su delicado estado de salud muy difícilmente le hubiese permitido pasarla a la intemperie, sin que ello le hubiera acarreado graves consecuencias. Se desencadenó entonces una corriente de solidaridad que, no sin esfuerzo, posibilitó que la persona durmiese dignamente en un albergue o pensión. La clave estuvo, como en la lectura de esta semana, en que muchas personas pusieron desinteresadamente sus panes y peces al servicio de un prójimo al que no conocían, pero que le necesitaba. Este es un ejemplo más de que, aunque nos quieran convencer de lo contrario, en nuestro mundo sobran recursos para atender las necesidades existentes, pero falta voluntad en los gobiernos, las administraciones y en las propias personas, para distribuirlos justamente. Como bien dice la canción de Maná: falta amor, mucho amor…


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