DESDE LAS PERSONAS SIN HOGAR

(hombre, casado, trabaja, pertenece a comunidad cristiana, voluntario de patrulla de calle en ONG católica)

¿No les ha ocurrido alguna vez lo siguiente? Has quedado con una persona de tu confianza para contarle un problema o vivencia que lleva tiempo acaparando gran parte de tus preocupaciones. Sin embargo, por el motivo que sea, las respuestas que te va dando a lo largo de la conversación te dan a entender que, por mucho que le trates de explicar, no llega a comprender el alcance de aquello que intentas transmitirle. ¿No estará sintiendo algo parecido Dios cada vez que celebramos la Navidad? ¿Realmente le estamos dando la importancia que merece a las primeras frases del evangelio de Juan? A mí, particularmente, me abruma todo lo que nos dice, y creo que para no complicarme la vida, prefiero quedarme con el relato de los pastores y el pesebre, que a pesar de transmitir lo mismo, está tan secularizado, que me posibilita no ir a lo profundo del mensaje y mantenerme en una posición más cómoda. Haciendo un ejercicio de autocrítica, debo reconocer que mi voluntariado peca en muchas ocasiones de esa falta de profundidad a la que aludo, pues, si algo caracteriza el mensaje de Jesús, es que pone a la persona por encima de todo. Y lo que entiendo por ir a lo más profundo de la persona, es que debo involucrarme en la vida del otro, lo que no debe confundirse con el asistencialismo, pues aunque necesario, no transforma, ni al destinatario de la acción, ni al que presta la ayuda.


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