DESDE LA SOCIO-ECONOMÍA

(hombre, casado, con tres hijos, trabaja, miembro activo de dos movimientos sociales, pertenece a comunidad cristiana)

En un mundo de mentiras decir la verdad es un acto revolucionario. Decir la verdad hoy día no sólo es revolucionario, sino muy peligroso, pues todos los que están cómodos con el actual estado de cosas intentarán despeñarnos. ¿O quizás somos nosotros mismos, los religiosos, los que intentamos apartar todo lo que nos puede trastocar nuestra pequeño y exclusivo mundo? A Jesús no se le puede domesticar y, si no nos sigue descolocando su palabra, es que lo estamos intentando amoldar a nuestra forma de vivir (o despeñar), en vez de amoldarnos a su forma de amar el mundo.
Una humanidad que tiene recursos suficientes para que todos tengan una vida digna y completa y que sin embargo gasta los recursos en crear fronteras contra los empobrecidos, en guerrear contra los pobres en vez de declarar la guerra a la pobreza, es una humanidad rota. A los cristianos, entre otros, nos toca vivir y amar en verdad, con un amor que abarque a totas las personas y a toda la persona (en todas sus facetas). Jesús nos muestra que no es fácil, pero sí apasionante: es lo único por lo que merece la pena vivir y morir. ¿Nos lo creemos o preferimos nuestra “tranquilidad”.


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