(por hombre, casado, con tres hijos, trabajan ambos, en vacaciones)
Podríamos pensar que este pasaje del evangelio es único y que no tuvimos la gracia de vivirlo, de estar allí, de ser uno de los escogidos. Sin embargo, tenemos la suerte de que, día a día, todo eso que se nos transmite en esta palabra podemos contemplarlo, quizás de otro modo, pero para ello hay que estar atento. Es el verano un buen tiempo para ello. Tiempo para contemplar cómo Dios se hace presente, transfigurado, en la naturaleza que nos rodea, la montaña , el sol, el mar, la luna, las estrellas, todo ello entregado para gozo de nuestros sentidos y para experimentar su presencia. Nos perdemos en mil detalles con la tarea del día a día y el ajetreo impuesto del verano y nos paramos poco a contemplar y a escuchar. Como me dijo alguien hace tiempo, el primer mandamiento de Dios es el que nos dice claramente: Escuchadlo. Aprovechemos este tiempo de descanso para ello, contemplemos y escuchemos, siempre hay una palabra para cada uno de nosotros. Un abrazo.