(por hombre, casado, con tres hijos, trabajan ambos, en vacaciones)
Inmerso ya de lleno en este ritmo veraniego, con tiempo de calidad para la familia, los amigos y para uno mismo, me encuentro con la palabra de Dios de este Domingo. Lo primero que se me viene a la cabeza es aquel canon que se cantaba: “Llama de amor viva, llama que nace del fuego de amor, del fuego que arde en el alma….”; creo que resume muy bien lo que Dios nos quiere decir. Habla del fuego de amor que debe arrasar por donde pasa, que evidentemente interpela, incomoda, divide, no todo el mundo se quiere dejar abrazar por ese fuego, prefieren otras llamas, quizás mas luminosas al inicio pero con poca vida. El seguimiento de Jesús, el hacerlo presente en cada momento de tu vida, no deja indiferente, los actos lo revelan, cualquier gesto cuestiona, no es fácil, pero conocemos la senda, esa donde el fuego no se apaga. Jesus vino a incendiar nuestros corazones, por eso nos quema el pecho cuando contemplamos la injusticia, el odio, la sinrazón. En este tiempo de descanso se hace preciso avivar esa hoguera, mantenerla con fuerza para seguir dando pasos hacia delante, de la contemplación a la acción diaria, en lo más “urgente, oportuno y eficaz.” Un abrazo.