(Hombre, casado, padre de dos hijos, trabaja, miembro de la Junta de Gobierno de una de las procesiones de Semana Santa)
El Pueblo de Israel mercantilizó el Templo. Creó con el argumento de esas creencias, todo un entramado de actividades mercantiles y económicas que deberían haberse quedado al margen de la espiritualidad. Una parte del templo se convirtió en un mercado; otra parte en un banco de cambistas; y la otra en un establo. Los cristianos que hacemos de nuestras procesiones actos públicos de fe callejera, no podemos evitar que alrededor de nuestra Semana Santa los intereses humanos también construyan “comercios” y “mercados”, establezcan “bancos”, y proliferen los “cambistas” de monedas. Nuestro indudable atractivo estético para el turismo, provoca movimientos de masas que favorecen su proliferación. Pero nosotros debemos mantenernos al margen. No es nuestra misión. Al igual que Jesús, debemos construir nuestro “templo” en el interior de cada espíritu que procesione bajo su capirote de penitencia. Que todo el comercio suscitado por nuestra espectacularidad sea externo. Que en el interior de cada cofrade en procesión, se construya un templo propio y personal en honor a Nuestro Señor. Que seamos ejemplo con nuestra actitud, a cuantos disfruten en nuestra contemplación. Y seamos un ejemplo vivo de fe, de espiritualidad y de coherencia.
DESDE LA MANIFESTACIÓN DE LA FE EN LA VIDA PÚBLICA
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