(hombre, casado, con tres hijos, trabaja, miembro activo de dos movimientos sociales, pertenece a comunidad cristiana)
¿A qué esperamos? ¿A qué viene el desánimo? A pesar de todos lo pesares, Jesús nos fortalece para nuestra misión con su Espíritu.
Puede que a veces estemos encerrados “en casa con la puerta cerrada” por miedo al fracaso, puede que la injusticia, la pobreza o la indiferencia en tantos ámbitos nos agarroten, pero Jesús nos invita una y otra vez a salir de nuestros muros y seguridades al encuentro del otro mediante el amor. La oración, la Palabra y la Mesa Compartida nos tendría que llenar una y otra vez de Su Espíritu para seguir en la brecha, como tantas personas y organizaciones que todos los días trabajan por la justicia que es hermana de la paz.
Si estamos atentos, veremos como muchas personas en pequeños detalles o en acciones colectivas o comunitarias se dejan llevar por esa savia rejuvenecedora del Espíritu cada día.
Y no se nos puede olvidar, que la única razón por la que Jesús nos envía su Espíritu es la de continuar con su “Reinado” de Dios en la tierra, no para quedarnos sentados confortablemente, sino para salir a nuestra sociedad y vivir denunciando lo que hay de malo y amando a todos como Él nos enseño.