(matrimonio con tres hijos, cuarto en camino, pertenecientes a un grupo de matrimonios parroquial)
De nuevo en el Evangelio de este Domingo podíamos pararnos a reflexionar en muchos puntos del mismo pero queremos compartir con todos las palabras de Jesús de la parte final del Evangelio de este día, “El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán”. La familia cristiana -compartía con vosotros la semana pasada- no está de moda, no va de acuerdo a los tiempos, debe cambiar. Pero estas palabras del Señor nos deben animar a continuar por esta vida con la idea clara de que los tiempos, las modas, pasan, pero las palabras de Dios permanecen. Si queremos salvar nuestras almas, si queremos tener “vida verdadera”, hemos de confiar plenamente en Jesús y creer con absoluta fe que las promesas del Señor que permanecen por siglos, y Él no nos defraudará. Las sociedades pasarán, las gentes acabarán su tiempo y sin embargo, ahí estarán vivas las palabras de Nuestro Señor. Él nos juzgará, no nuestros semejantes, por eso debemos ser fieles y enseñar a nuestros hijos lo que verdaderamente da la felicidad eterna; el vivir para y por Cristo. Que en este año de la Fe recién inaugurado podamos encontrar la verdadera alegría en la creencia de que el Señor nos cuida, que nos repite las palabras que “no pasarán”. Pidamosle no desfallecer y que nos guíe hacia la Vida Eternal. Que así sea.