DESDE LA FAMILA

(matrimonio  con tres hijos, cuarto en camino, pertenecientes a un grupo de matrimonios parroquial)

“los creó hombre y mujer. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne”
Como hemos dicho en alguna otra ocasión, podríamos tener mucho “material” para meditar con la lectura dominical del esta lectura del evangelio pero vamos a quedarnos en la frase que remarco más arriba. “Los creo- Dios- hombre y mujer. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne”. Es sabido que en los tiempos actuales ir en contra de la sociedad es nefasto pues eres considerado un retrógrado, un antiguo y un sin fin de cosas más, de todo menos coherente. Pero no es que nos lo diga Dios a través de la escritura, es que la propia naturaleza nos dice que es la unión entre un hombre y una mujer la que da lugar al fruto fecundo de la vida y no hay otra forma; dos hombres o dos mujeres podrán amarse pero siempre les faltara un factor fundamental en esa unión que es la potencialidad de poder alumbrar vida juntos. Y nos podremos inventar que sí, que es posible, y bla, bla, bla, pero la realidad es que la vía abierta a la vida por ambos cónyuges es la que designa la naturaleza que no es otra que la del hombre y la mujer. ¿Y que pasa con esa pareja que no pueden tener hijos?. Igualmente, presentan esa potencialidad, pero por circunstancias naturales no consiguen llegar a convertir su entrega amorosa en el maravilloso fruto de la vida. Pero la naturaleza me da la fecundidad, también me la quita, sí, pero lo más importante de ello es que es la naturaleza -creada por Dios- la que pone y la que quita, no inventa artificios o modelos que sustituyen la realidad de la vida. Los esposos se unen en una sola carne, esa “carne” común de los dos es la vida que alumbran en una entrega de amor sin igual.


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