(mujer casada, dos hijas, de baja laboral, padece cáncer)
Todos nosotros somos cada vez más desconfiados, creemos que la única razón es la propia, que todas las personas a nuestro alrededor buscan sólo su bienestar y todo el mundo pretende engañar a todo el mundo. Nos mostramos siempre escépticos ante los consejos que nos dan los demás, especialmente si éstos vienen de los más cercanos a nosotros. ¡Qué paradoja ! ¿Acaso desconfiamos más de aquellos que nos quieren? ¿Cuántas veces nos hemos enfadado con nuestros hijos, incluso con nuestra pareja porque aceptan los consejos de otros en lugar de los nuestros?
¡Qué casualidad! Jesús también se sintió extraño con los suyos pero el amor que los profesaba era tan grande que sentía la necesidad de comunicarle la Buena Nueva, aunque no le creyesen. Jesús pretendía impregnarles del Espíritu Santo, como a la viuda de Sarepta o el leproso curado, pero no les interesaba escuchar la verdad y lo echaron del pueblo.
Seamos realistas y dejémonos aconsejar por quien más ha demostrado su amor hacia la humanidad, Jesús. Guiémonos por su palabra válida para hoy y para siempre y tengamos la fe suficiente para poder aceptar su voluntad.