(mujer,casada,con dos hijas, de baja laboral, enferma de cáncer)
Somos afortunados viviendo en este mundo. Dios nos ha preparado un jardín lleno de vida en el que poder cultivarnos y sacar fruto. Somos sus viñadores, los encargados de continuar con su gran misterio del amor; y qué mejor lugar que este mundo que nos rodea _tantas veces injusto_ para llevarlo a cabo. El desafío es grande: proclamar y enseñar con nuestra vida la tarea empezada por Él.
Es obvio que nos encontramos con dificultades de todo tipo, pero cada prueba, cada contratiempo es , sin duda, el instrumento que mide nuestra madurez en la Fe.
¡Qué grande eres Señor! Gracias por hacerme comprender todos los sinsabores como medio para alcanzar tu salvación.