(mujer,casada,con dos hijas, de baja laboral, enferma de cáncer)
¡Qué Bienaventurados somos! ¡Qué suerte tenemos de poder escuchar esta palabra una vez más. Es curioso cómo cada vez que escuchas este evangelio te sitúas en una bienaventuranza distinta. Tu vida va cambiando y vamos pasando de ser consolados, a alcanzar misericordia, a ser saciados de la experiencia de Dios.
Hoy, sin embargo, me siento una gran privilegiada porque veo a Dios en todos los aspectos de mi vida: en mi trabajo, en mi familia, en mi enfermedad y en mis ganas de vivir. Siento necesidad de dar testimonio de Dios a todo el que me rodea y me hace feliz pensar que te puedas apróximar a esos que Él llama “limpios de corazón” Experimentar a Dios en tu vida es la mejor recompensa que cualquier persona puede recibir en esta tierra.