(matrimonio, él trabaja, con cinco hijos, pertenecen a comunidad cristiana de matrimonios)
Nuestros padres nos enseñaron a no dejar nada en el plato de nuestras comidas. Quizás ahora, con más variedad en la cesta de la compra, sobrealimentemos a nuestros hijos. Algunos días es una batalla dialéctica que terminen el potaje o algún plato que no les gusta especialmente. Los niños tienen que aprender a comer de todo. Nuestros hogares no son restaurantes en que se sirve a la carta. Un amigo, misionero en África, nos resolvió un día el conflicto. De visita en casa dimos de comer a los niños. A uno le estaba costando terminarse el puré. Él comenzó a darle de almorzar explicando la realidad que vive en la misión. Cada vez que remolonean se toman la comida acordándose de este misionero… Jesús nos dice que nada se desperdicie. Jesús también reparte. En estos momentos de crisis enseñemos a nuestros hijos a no malgastar. Enseñémosles a seguir compartiendo aunque no sea Navidad y estemos de “vacaciones”.