DESDE LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS

(matrimonio, él trabaja, con cinco hijos, pertenecen a comunidad cristiana de matrimonios)

Tener casos cercanos de algún tipo de exclusión siempre te sensibiliza más. Hoy en día la marginación no es la lepra, pero sí lo es ser inmigrante, alcohólico, drogadicto, parado, “analfabeto informático”, loco…Tenemos un hijo con discapacidad intelectual, y aunque hoy en día son socialmente más aceptados, sí que sufres ante las posibilidades de formación, de amistades, de ocio y futuro profesional que tiene el colectivo de discapacitados, porque son sensiblemente inferiores a las personas que consideramos “normales”. Por otro lado, esto nos ha hecho estar más concienciados, tanto a sus hermanos como a nosotros, ante cualquier hecho o persona excluida. Lo notamos cuando se acercan a los más alejados de su clase, o ayudan al que tiene dificultades, cuando saludan al vecino con enfermedad psíquica, cuando enseguida quieren colaborar con las campañas de sensibilización, y abren la hucha o se quedan sin sus golosinas de los domingos, cuando juegan con la señora que pide en la puerta de la Iglesia…A veces sólo es necesario lo que hace Jesús: compadecerse, extender la mano y tocar. Nosotros no vamos a curar como Él, pero esos gestos le van a decir, sé que existes, te escucho.


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