(matrimonio, él trabaja, con cinco hijos, pertenecen a comunidad cristiana de matrimonios)
El tercer domingo de Adviento, el domingo de la alegría, nos recuerda que somos TESTIGOS DE LA LUZ.
A nuestros hijos, como a todos los niños, les encanta contar chistes, y es normal que vengan del colegio con un “me sé uno nuevo”. Ese es un tipo de alegría, y la otra, más interior, más profunda y duradera, es saber que hay uno en medio de nosotros. Y que nos acompaña siempre. Empezar, aunque sea siendo esa lucecita piloto rojo de los aparatos eléctricos, que nos indica dónde hay algo más grande. Enseñarles la felicidad de las fechas que vienen por sí mismas (que no nos vean agobiados por comidas o regalos o visitas imposibles de realizar y querer comprimir mil cosas en dos semanas). Que si tenemos que limpiarnos por dentro para que se nos note más, nos vean acercarnos estos días al sacramento de la reconciliación, que a algunos nos cuesta tanto.