(matrimonio, él trabaja, con cinco hijos, pertenecen a comunidad cristiana de matrimonios)
Confesar la fe no sólo con lo que hacemos sino en público y en alto, en nuestro mundo laico y aconfesional, no sólo no está de moda sino que si lo manifiestas eres retrógrado y anticuado. Quizás antes se fomentaba más entre la juventud tener ejemplos de vida espiritual que quedaban más cercanos (S. Francisco de Asís, Sta. Teresita, S. Agustín, Sta. Mónica, S. Pedro y S. Pablo…) Hoy los ídolos, si nos descuidamos son únicamente jugadores de fútbol, de fórmula uno, tenistas, modelos, casi, casi porque ganan mucho dinero y poco más. Aparte de que reconozcamos el esfuerzo personal que muchos de ellos hacen, sería bueno que nuestros hijos encontraran ejemplos a los que poder mirar para ir aprendiendo. Sí, primero nosotros como padres, también un buen profesor, familiar, catequista, religioso, pueden ser maravillosos transmisores de valores espirituales. Y por qué no, ser antiguos e incluirles entre las lecturas de este verano historias de santos (si a nosotros nos gustaban ¿por qué a ellos no?).