DESDE LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS

(matrimonio, él trabaja, con cinco hijos, pertenecen a comunidad cristiana de matrimonios)

Los discípulos estaban reunidos. Según señala la propia Escritura, por miedo a los judíos. Afortunadamente, los cristianos desde poco después de ese encierro temeroso, nos hemos reunido a lo largo de los siglos, cualquiera que hayan sido nuestras circunstancias personales y sociales, nacionalidad u ocupaciones, con una finalidad no defensiva, sino de apertura, de crecimiento, buscando siempre ir hacia Jesucristo en nuestra vida. Y lo que nos une a los miembros de nuestra comunidad de matrimonios cristianos a la que pertenecemos es eso, precisamente, aunque paralelamente surjan otros vínculos.
En dicha comunidad hay actualmente quince niños y tres en camino, y cada vez que nos reunimos, nuestros hijos, así como muchos de los demás niños, van con nosotros y los instalamos en una de las salas de la Parroquia, donde una “canguro” los cuida mientras dure nuestra reunión. Ellos llaman a la sala, y al rato de estancia, “la reunión”. Es “su reunión”, y, como nosotros, esperan el encuentro con los demás niños y lo preparan con agrado, organizando los juegos que van a llevar.
Nos gusta que lo hayan vivido desde que nacieron y que vayamos a la Parroquia en familia para dirigirnos padres e hijos a nuestras propias actividades.
Nos gusta que vean esa actividad, la de reunirse en grupo, como algo natural y necesario en la vida cristiana. Ello implica una formación para la misión, oración, servicio, que ha de trascender y ellos, de alguna manera, han de captar.


Publicado

en

por

Etiquetas: