(matrimonio, él trabaja, con cinco hijos, pertenecen a comunidad cristiana de matrimonios)
¡Qué gozada que en este camino de Pascua ya pueda vislumbrar uno lo que es el cielo! Ese “¡qué bien se está aquí!” de Pedro da un regusto a dulce.
Como nos comentaban esta semana en la escuela de padres, en educación lo que deja huella en un niño no es lo que se hace alguna vez, sino lo que se hace continuamente. Cuando Jesús se los lleva aparte, se retiran. Si queremos que nuestros hijos tengan sus períodos de reflexión, con la oración por supuesto, pero también cuando se tienen que plantear un cambio de actitud, de objetivos, de nuevas tareas, es necesario que vivan que nosotros también poseemos esos momentos, los disfrutamos y nos beneficiamos con ellos. Incluso lo que puede parecer como un castigo, ya sea ir “a la silla de pensar” o “al rincón del pensamiento” que de una manera u otra todos tenemos en casa, proporciona un rato de interiorización que contribuye al crecimiento personal.