(matrimonio, él trabaja, con cinco hijos, pertenecen a comunidad cristiana de matrimonios)
Las Bienaventuranzas nos resultan unas de las lecturas más hermosas y cargadas de mensaje del Evangelio. Tienen además una aplicación directa casi en cualquier situación. Y esto nuestros hijos, independientemente de su edad, lo pueden entender, como siempre, viendo el ejemplo en casa. Con respecto a la pobreza de espíritu, se puede traducir en un no al consumismo. No se trata sólo de que vean la aplicación de “las tres R” en casa: reducir, reciclar y reutilizar, que es una práctica muy en boga para concienciar y ayudar a reducir el derroche. Pueden vivir la pobreza de espíritu cuando comprenden que nuestra felicidad no depende de las cosas, cuando no tienen un móvil simplemente porque los compañeros de clase también lo tienen. Cuando vivimos todos en casa, pequeñas renuncias familiares por motivos económicos (como algún viaje) y ven que por ello no somos menos felices.