(matrimonio, él trabaja, con cinco hijos, pertenecen a comunidad cristiana de matrimonios)
Si con los niños comentamos y disfrutamos la alegría de las pequeñas cosas de cada día (hoy aprendí una letra nueva, terminé la tarea temprano, esta tarde las nubes estaban rosadas, me gusta cómo el hermano pequeño da sus primeros pasos, hoy pudimos cenar todos juntos, fuimos a ver a los abuelos, metí una canasta en el partido, ya no estoy enfadado con mi amigo, vamos a montar en bici, plantaron flores en la rambla, encendimos las velas de Adviento, pronto haremos el belén…) cuánto más sentiremos la dicha de saber que Jesús viene y está con nosotros. Si estamos alegres, somos felices. La alegría es una manifestación externa de la felicidad. El Adviento es una buena ocasión para acercarnos en familia, con nuestros hijos que ya estén en edad, al sacramento de la reconciliación, que a veces nos cuesta tanto, y que tanto bien nos hace.