(matrimonio, él trabaja, con cinco hijos, pertenecen a comunidad cristiana de matrimonios)
Por los avances de la ciencia y las exigencias de nuestro ritmo de vida, muchos de nuestros mayores ya no envejecen y mueren en casa, en su entorno habitual, sino en un asilo o en la cama de un hospital. La muerte se ha alejado de nuestras vidas, hasta el punto de que, casi, se ha convertido en un tabú. Cuánto más ajena les resultará a los niños, quienes, si no están orientados, experimentan el mazazo de la pérdida de alguien querido desde el mayor de los interrogantes.
Y es que, si no nos enseñan a vivir, menos aún a morir.
Frente a esta realidad, Dios nos trae palabras de vida eterna: “Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, pues para El todos están vivos”.
Nos corresponde a nosotros, como padres y educadores, explicarles, así como les explicamos otras materias, el significado de la muerte, que la Vida tiene sentido, que es un regalo de Dios, y que El no nos abandona nunca.