(matrimonio, él trabaja, con cinco hijos, pertenecen a comunidad cristiana de matrimonios)
No me acuerdo exactamente que es lo que me pidió uno de los niños esta semana, pero le comenté que no se lo podía adquirir y que además no tenía dinero. No importa, me contestó, ¡compra dinero en el banco!
Éste es uno de esos meses malos en la economía familiar: libros, material escolar, uniformes…A pesar de organizarnos para equiparlos escalonadamente, siempre hay necesidades de última hora (zapatos, algún libro adicional, la mochila que no da más de sí, etc.). Parece que el dinero es un dios que ordena y manda: ¡gasta, consume, compra! Sabemos que si queremos que los niños sean honrados, deben ser austeros; que si queremos que aprendan el justo valor que tiene el dinero, deben aprender que hay más valor en unos buenos amigos, en la familia, en la fe.