(matrimonio con dos hijos, trabajan ambos, pertenecen a movimiento conyugal)
Merece la pena detenerse en las palabras del que popularmente conocemos como Dimas, el buen ladrón. En el trance más amargo y doloroso, en el trance que pone fin a su vida, se dirige a Jesús, y lo hace con confianza y para hacerle una petición. A lo largo y ancho de los evangelios, muchas son las ocasiones en las que Jesús se dirige a nosotros para decirnos esto mismo, para invitarnos a depositar nuestra confianza en Dios Padre y realizarle nuestras peticiones. La actitud que San Lucas dibuja de ese otro crucificado es, pues, una actitud cristiana que debiéramos ser capaces de transmitir a nuestros hijos, para que disfruten el regalo que supone tener a Dios como Padre al que confiadamente dirigirse seguros de su amor. Y con la festividad de Cristo Rey que celebramos este domingo, animarlos a embarcarse en la ardua pero apasionante tarea de la construcción del Reino, un reino de ayuda fraterna, de servicio, de esperanza…un Reino al que todos estamos originalmente llamados como hijos de Dios.