(matrimonio con dos hijos, trabajan ambos, pertenecen a movimiento conyugal)
Tras leer este pasaje del evangelio de Lucas tan solo nos brota una súplica a Dios Padre: Señor, aumenta la FE de nuestros hijos.
Esa fe que desde chiquititos acompañamos rezando un tierno Jesusito de mi vida. Esa fe con la que procuramos que descubran en Jesús a un amigo al que piden las cosas más variopintas que podamos imaginar y al que agradecen los últimos cromos de la liga que les han tocado. Esa fe que en la adolescencia es tan quebradiza y frágil que únicamente en un ambiente familiar, escolar y de amigos propicio puede quedar en un “buen barbecho”, para que en la juventud florezca con fuerza y orgullo. Esa fe que lleva a tantos jóvenes nuestros a “pringarse”, colaborar y ser testimonio…pero Señor, sin ti nada de esto es posible. Los propios Apóstoles, que cada día caminaban a tu lado, sentían la necesidad de que aumentaras su fe. También nosotros te lo pedimos: Señor, aumenta la fe de nuestros hijos.