(matrimonio con dos hijos, trabajan ambos, pertenecen a movimiento conyugal)
En una sociedad cada vez más dominada por el egoísmo y la satisfacción de los intereses individuales, renunciar conlleva un sacrificio cuya necesidad no siempre los padres sabemos explicar. Ahora que se aproxima el final de las vacaciones, nuestros hijos deben realizar posiblemente las que se les antojan las mayores renuncias del año. Tras un verano en el que queramos o no siempre tendemos a relajar los horarios, las “normas” domésticas, las costumbres… iniciamos un nuevo curso escolar con un pasaje del evangelio que nos invita a enseñar a nuestros hijos a poner a Jesús y su mensaje de amor al prójimo en el centro de sus vidas y de sus corazones, con pequeños y cotidianos gestos como acercarse al compañero “menos popular”, respetar al profesor más aburrido, cumplir con los deberes académicos… renunciando así a otros comportamientos o actitudes quizás inicialmente más atractivas y todo ello con la alegría de sabernos invitados por Jesús a compartir su camino de salvación.