(matrimonio, él trabaja, con cinco hijos, pertenecen a comunidad cristiana de matrimonios)
Unos de los valores que a nuestros hijos les cuesta entender son los de la austeridad, la renuncia y el ahorro.
A los niños les hacía ilusión desde hacía tiempo el disfrutar de unas bicicletas. Por una razón o por otra (falta de espacio o que no entraba en el presupuesto…) siempre se posponía la satisfacción de ese deseo. Este ha sido el verano de las bicicletas. Conseguimos cuatro: unas prestadas, otra comprada, otra regalada. Han disfrutado hasta la saciedad mañana, tarde y noche. Pensamos que este disfrute respondía no sólo al hecho de poder montar en ellas, sino como premio a su paciencia habiendo renunciado a ello durante tiempo, por haber “ahorrado” hasta conseguirlas.
Si esto ha dado resultado con algo material, ¿cuánto más resultado dará si quien nos pide que renunciemos es Jesús para ser discípulos suyos?