(matrimonio, él trabaja, con cinco hijos, pertenecen a comunidad cristiana de matrimonios)
Puede que a nuestros hijos un día les decepcione un profesor, el amigo no responda como él se imagina, haya una asignatura que no sea lo que esperaba o sus padres no sepan resolver sus preguntas. Puede que estén buscando el fruto a la higuera y no lo encuentren. A los nuestros les ha pasado y surgen frustraciones, malentendidos, falta de interés, decepciones… Unas veces sólo hay que dejar pasar tiempo y el problema se soluciona (“déjala todavía este año”). En otras ocasiones hay que buscar lo bueno que hay en cada uno, indagar si hay algún problema que se pueda resolver (“cavaré alrededor”). Hay momentos en los que tenemos que aprender a tener paciencia, a tener esperanza, a dar amor (“echaré estiércol”). Y en último remedio, hay contadas ocasiones en que hay que cortar porque es lo más conveniente para seguir creciendo.
Puede que ser que también haya veces que nuestros hijos no se comporten como debieran, o no respondan a lo que esperamos de ellos. Pero no nos decepcionan, sino que con amor y con mucha paciencia seguimos limando, educando, dando ejemplo como el que nos demuestra siempre el “Viñador”.