DESDE EL TRABAJO

(matrimonio, ambos empleados de empresa; pertenecen a comunidad cristiana)

¡Qué lógica y aplastante es esta lectura!¿Acaso no es lógico ayudar a los demás? ¿Acaso no me pongo yo en la situación del necesitado? A mí me han cuidado mucho, comenzando por mis padres, mi mujer, mi familia, mis amigos, incluso gente cuyo nombre desconozco. ¿Por qué no hago yo lo mismo? Y es que cuando me ayudan a mí o cuando veo que alguien lo hace por otra persona me parece lo más natural del mundo, es como debemos actuar, pero cuando me toca hacerlo a mí no resulta tan fácil hacerlo.
En mi trabajo, como programador informático, hace falta cierta preparación que muchas veces no tenemos y hay que estudiar (¡vaya siempre en casa, la empresa no gasta su tiempo en formarte!) para conseguirla, hace falta constancia y cierta agilidad mental. Se puede considerar un trabajo intelectual, en el que hay que usar la mente, y muchas veces,o no estamos preparados o necesitamos más práctica. En esos momentos necesitas a alguien que te eche una mano. Yo he estado en esos momentos en que tienes que terminar un trabajo y no te ves capaz, y cuando llega una ayuda se agradece. Ahora veo a un compañero así, con falta de preparación, experiencia y necesitado de ánimo para trabajar, pero aunque sé que debo ayudarle veo mi volumen de trabajo y evito dedicar mi tiempo a él dedicándoselo en su lugar a otro compañero con más preparación, que precisa de menos tiempo y hago que sea éste el que explique al primero, pero dentro de mí sé que debería ser yo el que dedique tiempo para explicarle las cosas, aunque dedique “más tiempo de la cuenta”.
Quizás sería más fácil si confiara más en Dios y no tuviera como primera mira el poco tiempo que tengo para terminar todas las cosas, sino a las personas.


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