(matrimonio, ambos empleados de empresa, con dos hijas, pertenecen a comunidad cristiana)
Enseñar con autoridad. Todos hemos vivido experiencias en las que alguien nos enseña o nos acompaña con autoridad. Son muy buenos momentos, disfrutamos, ansiamos mejorar, esa persona nos da vida. Es una autoridad que nos amplía el horizonte, no oprime ni obliga.
Este año ha sido un año excepcionalmente duro de trabajo en mi empresa, para todos los empleados. Unos más y otros menos han sacrificado vacaciones, tiempo familiar, tiempo de descanso… y después de todo esto, en la comida de Navidad de la empresa, un empleado, uno de los que más ha sufrido, habló espontáneamente a todos. Dio cuenta de cuánto tiempo habíamos perdido de vida dedicándola al trabajo, pidió que fuéramos conscientes de ello y que cada uno de nosotros y entre todos trabajáramos para que esto no ocurriera, que no se repitiera el año que habíamos pasado. Fueron palabras sinceras, inesperadas y que calaron. Esta ha sido la última experiencia que he tenido en la que alguien me enseñó con la autoridad con la que Jesús enseña.