(matrimonio con un hijo, voluntarios de ONG en país musulmán, trabajan en la misión, pertenecen a comunidad cristiana)
¡Cómo algo tan pequeño e insignificante puede dar tanta vida!
¡Cómo un gesto nuestro puede transformarse en frutos evangélicos y dar vida a otras personas!
Eso es lo que nos toca a nosotros, tener actitudes positivas que inviten a la construcción del Reino de Dios y no dejarnos llevar por el mal, ya sea el mal que crece dentro de nosotros o el mal del mundo.
Juzgar a las personas es cosa de Dios, nuestra tarea debe ser el ofrecer lo necesario para que la tierra esté bien abonada y que crezca en ella lo que Dios quiera.
Os invito a reflexionar sobre cuales son nuestras actitudes que llevan a la exclusión y a la separación y cuales son las que toleran que existan la cizaña y el trigo y puedan crecer por igual, sin juzgar, amando y respetando… siendo Dios el que hace que nazca el sol cada día para todos.