(matrimonio, padres de dos niños, trabajan ambos, pertenecen a comunidad cristiana)
Todo el mundo cree que cuando a una persona se le “ilumina” la cara es porque está feliz, la mayoría de las veces por momentos especiales: porque está enamorada, o en una boda, la cara radiante de la novia, o la del novio cuando la mira para decirle el sí quiero; o la madre que sabe que espera un hijo, hay un brillo especial en esos ojos a pesar de las molestias de un embarazo. Y qué decir, la luz en los ojos de ese padre que ve por primera vez la carita de su niña o de su niño. El aspecto del rostro de las personas cambia, se iluminan, brillan. En esos momentos especiales y muchos otros más que una pareja, una familia va viviendo, Dios está presente, ha subido a la montaña con nosotros, aunque como Pedro, no sepamos realmente lo que está pasando, o no lo reconocemos. Por todos aquellos momentos, en los que nuestra rostro brilla de una manera especial, en los que nuestra tristeza se convierte en alegría, se llena de la gloria de Dios e ilumina a todos los que nos rodean.
DESDE EL MATRIMONIO Y LA FAMILIA
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